HABLEMOS DE PSIQUIATRÍA EN LAS INFANCIAS

SALUD MENTAL, NIÑES Y ESTIGMATIZACIÓN

HABLEMOS DE PSIQUIATRÍA EN LAS INFANCIAS

Después de la pandemia por el Covid, el tema empezó a ganar espacio en la discusión pública. Pero todavía la salud mental sigue siendo tabú en algunos sectores. En la entrevista que sigue, Simón Ghiglione, especialista en siquiatría infanto juvenil, se refirió al tema.

Texto: Isidro Alazard

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Fotografía: Luciano Peralta

A pesar de que la pandemia trajo a la agenda muchas cuestiones sobre salud mental, hablar de psiquiatría parece meterse en un camino espinoso, el cual muy pocos conocen por considerarlo una “última alternativa”, después del psicólogo y de varias otras terapias alternativas.

En una sociedad que ve de buena manera ir al médico ante cualquier resfriado, pero que habla muy poco sobre la ansiedad, la depresión y los tratamientos que éstas requieren, ¿qué lugar hay para la salud mental? Simón Ghiglione, médico especializado en siquiatría infanto juvenil, dialogó sobre el tema con La Mala.

-¿Cómo es el estado de la salud mental en Gualeguaychú?

-En nuestra ciudad hay diferentes ofertas de salud mental, dependiendo en qué situación y en qué contexto te encuentres. Obviamente que, en los momentos de crisis social y económica, como ahora, se incrementa la demanda de salud mental en todos los estratos sociales, pero quienes tienen mayores recursos tienen mayor posibilidad de acceso a prestaciones del sistema de salud que aquellos que no tienen recursos. También tenemos que pensar en qué tipos de patologías se presentan, qué tipo de tratamiento y qué tipo de cobertura se requiere. Y ahí es donde nosotros tenemos muchas falencias en la ciudad. Desde la oferta, en cuanto a las instituciones (privadas) principalmente son los tratamientos ambulatorios en consultorios externos, la internación hoy por hoy es exclusiva del ámbito público, al igual que el sistema de emergencia. Por lo tanto, para aquellos pacientes que son más graves o que tienen patologías que necesitan de una atención más intensiva, es más difícil de conseguir dispositivos u ofertas.

El tema es que la demanda siempre termina excediendo la posibilidad de respuesta. La Ley de Salud Mental es una ley vieja (se la sigue llamando “nueva ley de salud mental”, pero existe hace más de 10 años), y si bien es de avanzada y acuerdo ideológicamente en el tratamiento de la salud mental, ha generado que en lugares como esta ciudad se exijan respuestas, pero no ha brindado la posibilidad de dar las herramientas para resolverlas.

-¿Cómo cuáles?

Desde el año pasado están gestándose algunas actividades, como una casa de medio camino, pero durante mucho tiempo quedamos entre la internación y el consultorio externo como únicas alternativas, por eso la ley termina siendo un tanto ambivalente entre lo teórico y lo práctico. La guardia de salud mental, situación que es algo que celebro que exista, también tiene sus deficiencias, ya que funciona sólo durante cierta cantidad de horas al día.

-¿En Gualeguaychú hay una red de contención de salud mental para todos?

-Que intenta dar respuestas, sí; que alcanza para todos, no. A pesar de que tenemos un servicio a salud mental muy grande en el hospital, la demanda es mucho mayor. Además, no se puede abordar desde un solo ámbito la salud mental: es mucho más amplia que solamente la atención en consultorio o internación. Entonces si sólo la pensamos como un dispositivo de salud (lo cual no quita que también sea necesario) y dejamos afuera, por ejemplo, al entorno o la red social familiar, nunca va a alcanzar.

-En cuanto al trabajo interdisciplinario, ¿se articula la psiquiatría con otros profesionales?

-Se intenta, pero a veces se hace muy difícil: primero, por la demanda; segundo, por los sistemas de de salud que se establecen. El consultorio externo es un trabajo bastante solitario y la demanda es muy grande como para poder articular cada paciente con las otras disciplinas. Trabajamos en conjunto, pero eso veces dista mucho de la interdisciplina. Incluso en los lugares que nacen con esa impronta y donde se intenta trabajar de esa manera también se hace difícil.

SALUD MENTAL EN INFANCIAS

-¿Cuándo empieza a preocupar la salud mental en las infancias?

-Siempre tenemos que prestar atención a la salud mental. Hay cuestiones que son culturales y que van afectando la salud mental de absolutamente todos. Algunas personas tienen ciertas particularidades, ya sea por cierta predisposición biológica o por ciertas características del entorno, que afectan mucho más. A veces tiene que ver con conceptos relacionados a teorías biopsicosociales, pero obviamente el entorno influye, el componente biológico influye, el desarrollo es una etapa sumamente importante. ¿Cuándo intervenimos desde la psiquiatría o desde la psicología? Cuando hay situaciones que empiezan a generar malestar en los chicos o deterioros, ya sea social, académico o en el entorno. Para dar un ejemplo: hay emociones que pueden ser habituales, como la tristeza o el miedo, se empieza a pensar que las mismas constituyen un trastorno cuando eso termina siendo algo que se vuelve tan intenso o genera un nivel de malestar inmanejable. Hay que tener en cuenta que muchas de las emociones que habitualmente trabajamos en salud mental son las mismas que sentimos absolutamente todos: quizás la intensidad, quizás el momento en que se despierta, la situación que lo dispara, o lo invalidante que resulta para el chico es lo que requiere de nuestra intervención.

“Hay emociones que pueden ser habituales, como la tristeza o el miedo, se empieza a pensar que las mismas constituyen un trastorno cuando eso termina siendo algo que se vuelve tan intenso o genera un nivel de malestar inmanejable”

-¿Cuáles son los principales motivos de consulta o derivaciones?

-En mi caso, muchos pacientes vienen por alteraciones en la interacción social y en la comunicación, lo que podemos pensar dentro de la condición del espectro autista. Aquellos chicos que tienen conductas más disruptivas, dentro de lo que pueden ser trastornos más externalizadores, principalmente el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). También existen trastornos oposicionistas desafiantes, trastornos explosivos intermitentes, o del control de los impulsos, esos son los más comunes.

-¿Existen problemas de ansiedad y depresión en niños?

-Sí, claro. Hay muchos trastornos de ansiedad. Son los mismos tipos de trastornos de ansiedad que en adultos. La ansiedad, en realidad, es algo que sentimos todos, el problema es cuando eso se desregula y genera un trastorno. Pueden aparecer rasgos en la infancia, como ataques de pánico, fobia social, fobias específicas, a veces también aparecen trastornos obsesivos compulsivos, o trastornos por tics, que son más comunes de descubrir en la infancia. Sin embargo, no son exclusivamente de ansiedad. Con respecto a los trastornos de estado de ánimo, existen también en la infancia, pero aumentan en la adolescencia y, en mi experiencia, hay mayor incidencia de trastornos de ansiedad que de los diferentes trastornos de estado de ánimo. Después de la pandemia existe un mayor conocimiento de muchos de los diagnósticos que antes eran casi desconocidos. No solamente quienes trabajan en salud mental, sino aquellos profesionales de la salud e incluso los docentes están mucho más atentos a cierta sintomatología y se pueden pesquisar mucho más algunas cuestiones que tienen que ver con ciertos diagnósticos que antes eran muy poco visibles.

-¿En las escuelas están formados en estos temas de salud mental?

-Cada vez están más formados, sí. Hay muchas escuelas que han comenzado a trabajar lo que es inteligencia emocional, y eso es algo fundamental. Yo puedo saber, por ejemplo, dónde queda cada cabo, pero no poder regular mis emociones. En mi forma de ver, tener conocimiento de cómo poder hacer esto último es mucho más importante. Cómo regular mis emociones, cómo poder manejarlas, cómo poder interactuar de manera más asertiva entre las personas, ser más validante y comprender un poco más la cuestión emocional que nos afecta todos los días y en todas las situaciones, a veces importa más que cierta información. Antes se dejaban muy relegadas estas cosas, porque se pensaba que no tenía que ser trabajado en las escuelas. Y esto atañe no solamente a las escuelas: a los grupos de trabajo, a los equipos, a todas las situaciones. Hay mucha más visibilización que hace que obligadamente todos nos empecemos a formar un poco más en algunas cuestiones de salud mental.

“Las redes sociales, los grupos de WhatsApp, todas estas cuestiones hacen que vayan escapando a la visión del adulto, lo que no nos permite regular”

-¿Cómo afecta el bullying?

-Es un problema gravísimo. Las situaciones de hostigamiento han estado siempre en las escuelas, pero hoy se toma mayor visibilidad. Sin embargo, creo también que tenemos que prestar mayor atención a las redes sociales, que hacen que el incremento y el impacto del bullying sea mucho mayor. ¿Por qué? Porque hay una vida del niño o adolescente que escapa al control adulto. Las redes sociales, los grupos de WhatsApp, todas estas cuestiones hacen que vayan escapando a la visión del adulto, lo que no nos permite regular. Por eso es tan importante trabajar con los chicos respecto de la cuestión emocional, trabajar sobre la empatía, trabajar sobre qué siente el otro, el respeto por la diversidad, por las diferencias de cada uno. Cuando se trabaja con situaciones de bullying, no solo se trabaja con los chicos que son víctimas, sino que hay que trabajar con quien ejerce el hostigamiento también, porque hay algo que pasa con ese chico que es tan preocupantes como con aquellos chicos que están siendo víctimas.

PSIQUIATRÍA Y ESTIGMATIZACIÓN

-¿Siguen presentes los tabúes respecto a la salud mental?

-Hay ciertas cuestiones que tienen que ver con un sesgo cultural, se piensa que todas las cuestiones que tienen que ver con la salud mental son efecto del voluntarismo, del querer, del poder. Es un sesgo que a veces rechaza las cuestiones que tienen que ver con alguna patología o tratamiento psiquiátrico, esto hace que muchos no consulten por miedo, vergüenza o por rechazo.

-¿Cómo se puede evitar?

-Se puede evitar con educación. Es algo cultural, tiene que ver con el rechazo por lo diferente. Inicialmente los pacientes que hoy son usuarios del sistema salud mental pasaron por un montón de connotaciones: desde personas que tenían visiones religiosas, que eran brujas o santos, hasta segregarlos. No se pensaba en inclusión hasta entrados en el siglo XX. Todavía resabios de eso siguen quedando: pensemos en aquel paciente que tiene problemas de salud mental y su judicialización. Hay una cuestión idiosincrática que se sigue pensando a la salud mental como antiguamente, cuando los pacientes para internarse requerían de la intervención de la Justicia, situación que hoy no existe más. Pero, por ejemplo, yo trabajo en el juzgado y seguimos recibiendo la demanda de la internación compulsiva a través del sistema judicial. Si estamos dentro del sistema de salud no es el sistema judicial quien tiene que dar respuesta a eso. No se trata de un ladrón ni un delincuente como para judicializarlo. Es un paciente.

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