Vivir con ansiedad

SALUD MENTAL

Vivir con ansiedad

Poner de relieve la importancia de la salud mental ha sido uno de los pocos emergentes positivos de la pandemia del Coronavirus. ¿Qué es la ansiedad y cómo se siente? Una mirada sobre un tema del que ahora sí se habla.

Texto: Isidro Alazard

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Ilustración: Diego Abu Arab

Hace unos días me vengo sintiendo agobiado. Mucho trabajo, supongo. Y cosas que no están definidas en mi vida y que rondan en la cabeza todo el tiempo. También algún problema familiar. No debo ser el único, digo para restarle importancia. Definitivamente no lo soy. Hay gente que padece trastorno de ansiedad. Tengo amigos que me cuentan de sus ataques y me siento bendecido porque no he pasado por eso. Pero, ¿qué tan cerca estoy? ¿Qué tan común es que llegue la ansiedad a nuestras vidas?

Persona A: “Sentís como que se acumula y va creciendo y creciendo la ansiedad. En mi caso, siento cómo se me cierra la garganta, mucha presión en el pecho permanentemente”.

Para poder hablar del tema fue necesario consultar a un profesional. Desde La Mala hablamos con el psiquiatra infanto juvenil Simón Ghiglione (M.N. 130027), que nos explicó un poco sobre la temática. “Tenemos que entender que la ansiedad es una respuesta adaptativa que tiene el ser humano para evitar los peligros, es una respuesta a una emoción: el miedo. No es algo malo ni patológico, hablamos de trastorno de ansiedad cuando esa respuesta se desregula”, explica.

A lo largo de la evolución del ser humano la respuesta a los peligros, tanto ambientales como dentro de nuestros pensamientos es una emoción: el miedo. “Muchos de los síntomas del trastorno de ansiedad, principalmente físicos, se relacionan con esta preparación del organismo para huir, si bien los peligros a lo largo de nuestra evolución se han ido modificando, mayormente en el último tiempo, la respuesta que ha sido efectiva durante millones de años sigue presentando características similares”, detalla Ghiglione.

Persona C: “Días previos sentía angustia, mucha: esa sensación de tener un nudo en la garganta y no poder desatarlo”.

Pero, ante este miedo, ¿qué nos pasa en el cuerpo? “El cuerpo se prepara para huir, por eso aparece la taquicardia, que bombea más sangre para llevar oxígeno a los músculos. Para eso hiperventila, lo que genera la sensación de ahogo o falta de aire. Al circular más sangre por los músculos, se siente contractura muscular, tensión, sensación de nerviosismo, incluso calor y rubor”, detalla el especialista consultado. Y agrega que también se dilatan las pupilas, con la intención de ampliar el campo visual, se pueden sentir mareos, sensación de embotamiento, la sensación de nudo en la garganta y opresión en el pecho. “Cuando la intensidad de la emoción se hace muy grande, aparecen la sensación de muerte inminente o de pérdida del control a nivel psíquico”.

Persona A: “Cuando quise explicar lo que me pasaba, no podía hablar, por todo lo que me dolía el pecho y por la falta de aire. Empecé a llorar, sabía que era ansiedad y me generaba más ansiedad no poder controlarla. Es desesperante, no podía parar de llorar, de sentir el corazón a mil. Me dolía mucho el pecho y la garganta, me hice una bolita y lloré mucho”.

El problema no es, entonces, la ansiedad, sino cuando esta se convierte en trastorno. En palabras de Ghiglione: “Si existen montos muy altos de ansiedad, los cuales se hacen difícil de regular o conlleva un deterioro funcional de la persona, a eso lo llamamos trastorno de ansiedad, que pueden ser muy diversos. Las crisis de angustia o ataques de pánico no son otra cosa que un monto alto de ansiedad en un tiempo acotado, que dura aproximadamente 10 minutos en su parte más intensa.”

Persona B: “Escuchaba un sonido que se repetía mucho y quería dejar de escucharlo, pero no podía. Empecé a sentir mucha tensión, enojo y al ratito empecé a llorar. Apreté algo, dejando las uñas marcadas, temblaba mucho”.

Con una búsqueda rápida en diversos portales de noticias, me entero que en Estados Unidos este trastorno es una de las enfermedades más comunes, ya que casi un veinte por ciento de su población (¡que son 40 millones!) la padecen. Quienes sufren trastorno de ansiedad tienen 3,5% más de probabilidad de consultar al médico y también seis veces más de ser hospitalizados por enfermedades psiquiátricas.

Persona C: “A todo lo que me pasaba y sentía me lo tragaba, no hablaba nada con nadie. Me hacía cargo de muchas cosas y terminaba sufriendo en silencio”.

Pero este padecimiento no proviene solo del estrés generado por el trabajo, sino también de otros factores de riesgo, como los sociodemográficos, el consumo de tabaco y alcohol y la genética, entre otras cosas. También se destaca que, ante menor nivel socioeconómico aumentan las tasas de trastornos de ansiedad y que muchas veces esta se superpone con la depresión.

“No hay un grupo particular en que los trastornos de ansiedad afecten con exclusividad. Si bien las modalidades y la sintomatología varía según el desarrollo de la persona, puede presentarse en cualquier grupo etario”.
SIMÓN GHIGLIONE

Persona D: “Cuando me acostaba tenía que pensar que debía respirar. No podía dormir por eso. Me sacaba las ganas de irme a acostar. Me despertaba sin poder respirar, con las manos temblando, sin saber dónde estaba y con dolor en el pecho, como si alguien me estuviese aplastando con sus rodillas”.

Afortunadamente, los trastornos ansiedad son tratables (¡y hasta curables!) pero en muchos casos las personas no se sienten cómodas compartiendo los síntomas, ni con profesionales ni con personas de su entorno. Sólo el 36.9% de quienes los sufren reciben el tratamiento adecuado. Por eso es tan difícil medir, detectar y ayudar a esas personas.

“Muchas veces la negativa a la consulta tiene que ver con un sesgo cultural o un prejuicio en relación a los trastornos mentales o psíquicos, los cuales se piensan siempre de un manejo a partir de la voluntad del sujeto. Esto impide que accedan a los tratamientos, los cuales tienen gran efectividad y mejoran drásticamente la calidad de vida”, explica Ghiglione.

Persona A: “Cuando el aire entraba sentía como que me ardía. La cabeza va a toda velocidad y se te ocurren pensamientos negativos todo el tiempo. Es casi imposible encontrar cómo escaparles”.

Para ayudar podríamos escuchar a la otra persona sin juzgarla ni minimizar sus emociones. Buscar ayuda con un profesional de la salud mental es realmente el mejor consejo que se puede dar. El consultado por La Mala nos marca caminos posibles: “La actividad física, la recreación u otros espacios de práctica introspectiva, como yoga, meditación, etc., son favorecedores a la hora de bajar los estresores ambientales que predisponen a mayor incidencia los trastornos de ansiedad”.