HUELLAS DEL FÚTBOL: ¿QUÉ HAY DEBAJO DE LAS HINCHADAS?

UNA PELOTA, UNA CANCHA, UNA CULTURA

HUELLAS DEL FÚTBOL: ¿QUÉ HAY DEBAJO DE LAS HINCHADAS?

El fútbol está viviendo un cambio de paradigma. O, más que el fútbol, la forma en que se lo aborda: ya no se habla sólo de su historia, hace unos años existe, en Argentina y en el mundo, la arqueología del fútbol. ¿A qué responde? ¿Por qué es importante el cambio de mirada? Axel Weissel y Gustavo Candela, investigadores de Arqueoterra, nos ponen en tema.

Texto: Axel Weissel y Gustavo Candela de Arqueoterra

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Ilustración: Diego Abu Arab

DE LA HISTORIA A LA ARQUEOLOGÍA DEL FÚTBOL

Mediando el 2024 difícilmente se le puede disputar al fútbol su condición del deporte más jugado y visto a escala mundial. Aún si es un juego originado en el siglo XIX en Europa y, por lo tanto, colonial. Hoy ha sido reapropiado por múltiples naciones y culturas. Hay fútbol y ligas en todo el planeta. Los datos dicen que existen aproximadamente 1.7 millones de equipos de fútbol en todos los continentes y en el 2022, cuando Argentina se coronó campeón del mundo, 1.500 millones de personas presenciaron el evento conectadas en vivo. Si, un 20% del planeta.

Los clubes de fútbol, en tanto espacios sociales, han sido participantes activos de la construcción de las sociedades modernas. Los barrios crecen a su alrededor, en oposición y/o a la par que el fútbol se desarrolla. El antropólogo Eduardo Archetti dice que la vida del fútbol argentino ha construido la identidad de miles de argentinos y la identidad única de cada barrio o ciudad.

En la actualidad casi todos los clubes que conocemos tienen ya más de 100 años. ¿Qué significa esto? Que el tiempo pasa y no sólo que han sobrevivido a los vaivenes políticos y económicos, sino que algunos ya no existen (Alumni, ¿lo conocés?), otros han crecido exponencialmente y otros han caído de la gloria.

Pero todos ellos guardan muchísimas historias. Jugadores fantásticos, partidos épicos, anécdotas picantes. Pero, así como hay historia, también hay cosas: objetos viejos que han sobrevivido y se resistieron en ser tirados; pelotas, botines rotos, el carnet del abuelo e incluso los viejos estadios.

De acuerdo a la Ley Nº 25.743, todo bien mueble o inmueble que tenga más de 100 años y aporte información sobre esos tiempos y personas, es considerado Patrimonio Arqueológico. Por lo que los especialistas comenzaron a hablar, además de la historia del fútbol, de una Arqueología del Fútbol.

PROYECTO ARQUEOLOGÍA Y FÚTBOL

Mientras algunos dirán que el fútbol es un invento inglés, la arqueología latinoamericana pone en duda esa afirmación. Hay dos casos de juego de pelota en nuestro continente que podrían haber sido la base fundante del moderno deporte a la manera latina. Tanto desde la arqueología como desde la etnohistoria se han encontrado evidencias de juego con pelota en los mayas y en los guaraníes. De México a Argentina. El primero ya romantizado en películas como El Dorado, el segundo un poco menos conocido, pero se han hallado sobre dos “equipos” que se juntaban a jugar pasando una bola u objeto esférico, pero sin ningún arco.

Desde Arqueoterra venimos desarrollando nuestro propio proyecto de investigación en Arqueología y Fútbol. Un proyecto que debe su inicio a un voluntariado en la Universidad Nacional de Lanús identificando los potreros perdidos y actuales de ese partido bonaerense.

En el 2018 desarrollamos un trabajo mancomunado con el Departamento de Cultura y el Museo Granate del Club Atlético Lanús para investigar el predio donde estuvo el primer estadio. En 2022 colaboramos con el Club Atlético Platense para la puesta en valor del territorio de Núñez donde estuvo su mítico estadio, desplazado en la década de 1970. Hace poco se generó un diálogo con el Club Atlético San Lorenzo y en octubre de este año lideraremos una excavación arqueológica en la “cancha arqueológica” de Sportivo Barracas, en el marco de la primera edición del Festival Gol Olímpico, por los 100 años del primer gol olímpico realizado en la historia. Si, en Argentina.

Pero esto no acaba aquí, los hallazgos arqueológicos florecen en todos los clubes. En el Club Atlético River Plate, en la reciente ampliación de su estadio, se encontraron tres herraduras que dan cuentan de los restos del antiguo hipódromo que funcionó en ese predio a principios del siglo XX. En el Club Atlético Rosario Central los avances de las obras de remodelación de la cancha dieron con un viejo túnel y una pelota de gajos, perdida hace casi 50 años. En el Club Central Córdoba de Santiago del Estero se toparon con restos óseos de un cementerio del siglo XIX en lo que hoy es su cancha.

Esta situación de hallazgos arqueológicos y fútbol no es exclusivamente nuestra. En el nuevo estadio del Atlético de Madrid aparecieron explosivos de la Guerra Civil española y en el del Borussia Dortmund de Alemania, una bomba de la Segunda Guerra Mundial, por citar sólo los casos más renombrados.

LAS HINCHADAS ENTERRADAS: ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Hay una tesis en arqueología y en historia que dice que para que la historia no se repita hay que revisar los patrones de comportamiento y los procesos que muchas veces se naturalizan.

¿Qué es lo que naturalizamos y normalizamos del fútbol? ¿Se esconden violencias, patrones y estructuras desiguales detrás de cada partidito?

Desde la arqueología venimos estudiando a las hinchadas que quedaron enterradas, el pasado que hace al deporte actual, un pasado que es indudablemente político. No fue otra que la última dictadura cívico-militar la que expulsó a Platense de Núñez. Y, al mismo tiempo que Argentina se coronaba campeón del mundo en 1978, se desaparecían personas.

La estructura del fútbol moderno es producto de decisiones políticas, económicas y simbólicas. ¿No te preguntaste por qué todos los pibes de Argentina quieren jugar en Europa? Porque ahí está la concentración del dinero y de la fama, hermanx. Y, al mismo tiempo, el fútbol que todxs alabamos es esencialmente masculino, homoodiante y violento. A veces-no siempre- los picados que jugamos en la escuela o en los potreros, con amistades o con personas desconocidas, replican las mismas lógicas. Entonces, ¿hacia dónde vamos o queremos ir con nuestro deporte favorito?

El horizonte utópico del fútbol se choca con la constitución hegemónica del género y, antes o después, con la del mercado. Así como el fútbol es el deporte más jugado y visto, también es una empresa que mueve millones de dólares a escala global. Mientras en Argentina presenciamos la peligrosa y disruptiva llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), bajo la voluntad política de un gobierno neoliberal, el fútbol profesional tiene mucho para repensarse. Desde las violencias a los pibes, vistos únicamente como potenciales recursos de mercado, a la violencia entre las hinchadas, que, de tanto en tanto, dejan algunos muertos.

En la tierra del Diego y Lionel, la pelota no se mancha. Pero todas, tarde o temprano, quedan enterradas. Nuestros cuerpos, personales y sociales, en cambio, no pueden parar de respirar fútbol. Poro eso se impone la tarea de repensarlos, de repensarnos. Pero no desde la óptica europeizante porque ¡ojo! a no confundirse: esto es fútbol y no soccer, liberal y sin alma. Fútbol, latino, argentino… el del potrero, el pasional.

¿Cómo explicarlo si no se vive en carne propia?

No lo entenderían.