SER INDÍGENA EN ENTRE RÍOS

UNA LUCHA CONSTANTE CONTRA LA DISCRIMINACIÓN Y EL OLVIDO

SER INDÍGENA EN ENTRE RÍOS

En medio de las abrumadoras noticias de todos los días, detenernos a pensar en quiénes somos parece un ejercicio sin sentido. Pero muchos de los conflictos sociales más álgidos se sostienen en viejas e injustas estructuras que moldearon nuestro pensamiento. Héctor Santomil, dirigente charrúa de Villaguay, reflexiona acerca de la provincia que somos.

En la escuela nos enseñaron algo, allá por cuarto grado de la primaria, acerca de los pueblos originarios que habitaron la tierra entrerriana. Nos contaron de los charrúas, chanás y guaraníes como objetos de estudio arqueológico y nos llevaron a museos que exhibían, por igual, los restos materiales de lo “extinto”: dinosaurios e indígenas. A la educación formal se suma el fuerte relato oficial y familiar acerca de la inmigración en el litoral, tiempos lejanos (siglo XIX y principios del siglo XX) cuando llegaron a la provincia familias alemanas del Volga, suizas, francesas, vascas, polacas, húngaras y de muchos otros sitios del globo, escapadas por el espanto de sus realidades, acogidas en una tierra hermosa y productiva.

Entre Ríos no se aleja de lo que pasa en el resto del país. En toda la Argentina, y en todos los gobiernos, la escasez de perspectivas interculturales se ha traducido en la negación de la existencia indígena como un sujeto social y político válido; en la criminalización de sus protestas, organizaciones y rostros; en la negación de sus derechos individuales, colectivos y territoriales; en la desvalorización de sus historias, saberes y cosmovisiones; y la negación de los genocidios llevados adelante sobre algunos pueblos (especialmente entre 1880 y 1950, cuando se llevaron adelantes las ofensivas militares llamadas “Campaña del Desierto”, la “Campaña del Gran Chaco” y la instauración de un sistema de Reducciones Indígenas)

A la deuda histórica con la interculturalidad en Argentina, ahora se suma la perspectiva política libertaria anarco-capitalista que, convertida en verdad oficial por el gobierno nacional y en correspondencia a todo el desmadre hecho sobre las políticas públicas de Derechos Humanos, está vaciando los pocos programas que atendían no sólo los reclamos de los pueblos indígenas, sino que, además, promovían la construcción de un entramado educativo, cultural y social más respetuoso de la diversidad.

Por todo esto, desde La Mala nos pusimos en contacto y tuvimos el gusto de conversar un rato largo con Héctor Santomil, referente de la comunidad Charrúa Etriek de Villaguay, miembro de la Mesa de Articulación Territorial Indígena en Argentina (MATRIA) y Delegado del Concejo de Participación Indígena (CPI) por el Pueblo Charrúa de Entre Ríos ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), quien nos invitó a pensar en una Entre Ríos indígena actual y viva que no sólo persiste en la vitrina de un museo.


– ¿Qué pueblos indígenas habitaron Entre Ríos?¿Qué pasó con ellos?

-Los pueblos milenarios de nuestro territorio entrerriano más predominantes han sido el pueblo Charrúa, el Chaná, los Bohanes o Mínianes y los Yaros, entre otros. También el pueblo Guaraní. Hubo diferentes momentos desde la colonización que han hecho que migren escapando de las masacres y reducciones, que se mezclen entre distintas etnias. En las estrategias de supervivencia, sobre todo los varones, ingresaban a formar parte de las milicias y las mujeres, que fueron siempre víctimas de abusos y violaciones, intentaban silenciar su identidad para protegerse a ellas y a sus hijos (en ocasiones producto de esas violaciones). También las niñas y niños eran repartidos para servirles de mandaderos, criados para ser peones y sirvientas de las familias de la sociedad colonial, que fueron asentándose en el proceso de saqueo de las tierras, de la misma manera que en otros territorios del país. Fue en ese proceso en el que obligaron a callar su lengua y abandonar sus prácticas culturales, aunque muchas de ellas quedaron vigente en los rasgos y las costumbres que  aun conservamos, como la profunda relación con la naturaleza, el conocimiento de las hiervas medicinales y su utilización, la práctica de la pesca, el humor irónico, la actitud hospitalaria de integrar a otros dentro de sus comunidades (como pasó con quienes escapaban de matanza o deserciones, entre ellos muchas personas esclavizadas traídas de África). En tiempos del Estado Nacional, aquí no tuvimos genocidios como en otras partes de la Argentina, pero sí una forma de organización social, cultural, económica y educativa que buscó borrar todo lo indígena que quedaba en nuestro territorio. Pensemos que hasta hoy se usa como insulto o descalificativo a palabras como “indio”, “tape” o “negro”.

-¿Cómo fue el proceso de organización e institucionalización del pueblo nación Charrúa?

-Este proceso vino mucho años después de los silenciamientos y aculturaciones, tras las matanzas y sometimientos. Como la mayoría de los pueblos la transmisión fue oral más que escrita. Ha sido muy difícil que se identificaran con aquello que se lo denominaban salvajes, que no quieren progresar, y a la vez ante estas actitudes discriminatorias y racistas-estigmatizantes, con el objeto de someter. Pasado mucho tiempo, ya para fines de 1980, tanto como en Uruguay y en Entre Ríos, algunos Inchaláguat (hermanos y hermanas) comenzaron a indagar sobre su identidad, preguntándoles a los abuelos y abuelas, que poco decían porque la condición de sometimiento y amedrentamiento sufridos fue muy fuerte, por lo que poco hablaban, solo lo justo. Al día de hoy en muchas familias entrerrianas se sabe que había en el árbol genealógico alguien indígena, que se decía o comentaba, aunque lamentablemente el miedo y la falta de registro ha hecho que todo eso se vaya perdiendo.

En Entre Ríos, Rosa Albariño (por quien se conmemora el día de la mujer originaria de Entre Ríos) fue pionera; ella venia de una militancia indigenista hasta que se planteó la curiosidad sobre procedencia y en relación con gente de Uruguay fue atando cabos hasta que encontró personas que tuvieron su misma inquietud y fue así, de a uno, que comenzamos este camino llegando a ser muchos más en la provincia y sobre todo en Villaguay, de donde era Rosita. Quienes la conocimos a Rosita decimos que ella nos enseñó a mirarnos. Esa fue la óptica principal para indagar nuestra Identidad y con el tiempo asumir quienes somos, porque lo cultural es fundamental, es más que la cuestión de herencia biológica, ya que siempre el mestizaje se dio. El rescate y proceso identitario es bastante reciente, en este camino consideramos que llevamos más de tres décadas y en el transcurso nuevas generaciones nacen y se crían con esta perspectiva, lo que no es fácil sostener por que la invasión sigue de otras formas y aún prevalece el racismo y la discriminación.

-¿Cómo fue tu proceso identitario indígena?

– No fue una decisión espontánea y creo que no lo ha sido para tantos otros; a veces no sabemos lo que somos o de que pueblo procedemos, más con los datos o relatos de las historias oficiales, que nos machacaron con la idea de que se nos exterminaron a todos. Entonces, como he mencionado sobre nuestra relación con Rosita, ha sido fundamental para empezar a indagar nuestra identidad. En mi caso personal fue de la mano de los demás integrantes de la comunidad. Salir de lo impuesto o aprehendido no es una cuestión sencilla, más con la estigmatización que lleva ser procedente de pueblos originarios, ser “indio”. A partir de ahí comienza la curiosidad y las preguntas a los abuelos, que digan algo que refieran de su pasado. Mi abuela materna, antes de fallecer y ante mi pregunta, me confirmó que ella “era India”, como una confesión. ¿Y cómo llegamos a la conclusión de que nuestra identidad se relacionaba con el pueblo Charrúa? Para resolver estas preguntas también hemos acudido a investigaciones para entender aspectos que desde nuestra mirada podíamos interpretar que de allí venimos. La identidad charrúa vincula muchas de nuestras experiencias personales con aquellas descripciones que hacían los cronistas coloniales, por supuesto desde su mirada negativa y racista. Fuimos observando todo eso y, en particular, me resultó muy llamativo cómo los que más niegan su identidad son aquellos que conservan rasgos físicos más nítidos, el color de piel. Quizás sea por el simple hecho del racismo encarnado en la sociedad y el deseo de “ser más blanco” para, al menos, no ser discriminado por “indio” en un mundo que ya los discriminaba por pobres. Todo eso fui incorporando de a poco, reconociendo esta identidad en mí… y desde ahí no paré más.

““me resultó muy llamativo cómo los que más niegan su identidad son aquellos que conservan rasgos físicos más nítidos, el color de piel. Quizás sea por el simple hecho del racismo encarnado en la sociedad y el deseo de “ser más blanco” para, al menos, no ser discriminado por “indio” en un mundo que ya los discriminaba por pobres”

Contanos de la Escuela Popular Charrúa Etriek.

-La Escuela Popular Charrúa Etriek es un espacio cultural comunitario que lleva 20 años de trabajo y que ha sido fundamental para nuestro proceso identitario. Lo fuimos conformando algunos que veníamos de otros grupos relacionado a la música, la poesía, el teatro, el audiovisual, la danza… herramientas que nos motivaron para llevarlo a cabo, principalmente con los gurises y gurisas, para que sea un espacio de convivencia y aceptación. El espacio físico ha sido importante para este desarrollo porque ahí hacemos nuestras actividades: talleres, recitales, presentaciones de libros, jornadas de esparcimiento y nuestra Radio Comunitaria “La Redota”. También venimos, incesantemente, desarrollando el fogón que comenzó como contrafestejo del día de la raza y al tiempo denominamos “Fogón de la Memoria,Verdad, Territorio e Identidad de los pueblos originarios de Abya Yala” y tomamos otras fechas de conmemoraciones relacionadas con lo indígena. Esas instancias pasaron a ser esos momentos de reflexión que compartimos con muchas familias integrantes de la comunidad, pero que, también,nos permiten que otras personas y organizaciones se acerquen y propongan actividades en conjunto.

-¿Sufriste discriminación por ser indígena en nuestra provincia?

-Uno cuando es chico no se explica de dónde vienen las discriminaciones, y al ser establecida la desigualdad, producto de esa invasión y sometimiento de nuestros pueblos, en eso de nacer en un barrio, ser hijo de jornaleros, changarines, es decir gente pobre. La discriminación es constante y sonante. He sido discriminado más desde este lugar de procedencia. Ahora cuando uno asume esta identidad, los riesgos son otros; nos exponemos a la estigmatización burlas, hasta al odio. Que me autoidentifique con un pueblo originario era objeto de burla, desprecios y prejuicios. Aunque no le daba importancia, eso dolía mucho y lo más doloroso es que esto pase incluso con gente de la misma procedencia, aculturizado y que rechaza ser parte de uno de estos pueblos milenarios. Hoy día en las redes sociales se ven muchas de estas actitudes discriminatorias predominantes.  

“Que me autoidentifique con un pueblo originario era objeto de burla, desprecios y prejuicios. Aunque no le daba importancia, eso dolía mucho y lo más doloroso es que esto pase incluso con gente de la misma procedencia”

-¿Qué estereotipos pesan sobre las personas indígenas?

-Principalmente el estereotipo racial; ese es constante y actualizado. Lo que viene siendo difundido desde siempre; el denominarnos terroristas, los malones, los salvajes, los crotos, los brutos, incultos (como así en otros tiempos se nos decía infieles) y el situarnos en el pasado, que cuando asumimos esta identidad aparecen opiniones denigrantes y el denominarnos “indios truchos” cuando reclamamos derechos, sobre todo cuando se trata de derechos territoriales.

-¿Por qué dedicas gran parte de tu vida a esto?

-Por la conciencia, más que una mera militancia, la perseverancia, más que la resistencia, la concepción de igualdad y que desde nuestra perspectiva creemos que somos parte de la solución y no del problema. Que esta visión que encarno lo puedo canalizarlo desde muchos lugares, principalmente desde el arte, la música, la poesía, y desde la comunicación. Sabemos que estas herramientas son poderosas. Nosotros vivimos involucrados con todas las luchas por los derechos humanos y creemos que la horizontalidad y la colectividad salva… pensando, por supuesto, en las generaciones que vienen. Sabemos que no es fácil como nunca lo fue y entonces desde ahí es que deposito mi pasión y lo hago porque hay otros que lo hacen también y sirve de aliento. No sé si vamos a cambiar algo, pero sentimos necesario practicar esta vida que elegimos y no solo pensando en nuestros derechos humanos, sino en los derechos ambientales, de los demás seres vivos que habitan nuestra Onkaiujmar (mundo). Queremos que esta conciencia crezca y no decaiga en ningún momento. Por eso la defendemos como lo hicieron nuestros antepasados.Solo así viven en nosotros… si abandonamos, ellos son abandonados.

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En medio del ruido, la negación y la desazón, la Radio Comunitaria Charrúa La Redota prepara sus notas y micrófonos para la próxima semana. Para hablar y denunciar lo que ocurre en esta patria, en esta provincia, pero también para conversar de quiénes somos, de la belleza de nuestra tierra y de la memoria como forma de construirnos, fuera de las vitrinas de un museo, que nos divide entre culturas vivas y dominantes y culturas extintas y derrotadas.


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