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LA EXPLOSIÓN DE LAS ESCOPETAS

CAZA EN ENTRE RÍOS

LA EXPLOSIÓN DE LAS ESCOPETAS

El pasado 10 de mayo el gobierno entrerriano habilitó cotos de caza de aves autóctonas en gran parte del suelo provincial, una medida más que atenta contra el ambiente y la biodiversidad de nuestro territorio. En esta edición de La Mala indagaremos sobre el tema con los aportes de Mauro García y Guillermo Rajneri, dos especialistas y activistas en la materia.

Texto: Agustina Díaz

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Ilustración: Diego Abu Arab

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Las tierras de las aves, a pesar de sus gobiernos

El Uruguay, río de los pájaros, bordea el lado Este de la provincia de Entre Ríos, abrazada desde el Oeste por el Río Paraná. En medio de esas dos márgenes se extiende una tierra rica y provechosa, ondulante, verde, de llanuras claras sólo picadas por sencillas cuchillas. El monte entrerriano es petizo y hermoso, y en su corazón arrulla el canto de aves extraordinarias y míticas. En sus claros y arroyos, se abren las alas de patos y garzas que embellecen con su plumaje el agua amarronada que traduce la tierra fértil de su lecho. Todo ese paisaje de ensueño sobrevive, de a tramos, para recordarnos que la fuerza de la naturaleza no se rinde frente a los embates que le impone el lucro que se sirve de sus bondades.

Desde hace mucho tiempo, la ampliación de los asentamientos urbanos y el corrimiento de la frontera productiva ha sido en desmedro del monte nativo, pastizales y humedales, es decir, el hábitat de especies cuya continuidad están en inminente peligro. Por cada hectárea perdida de monte, se pierden especies de la flora y fauna autóctona que no regresarán jamás. Todo esto se recrudeció desde la década de 1980 cuando el monocultivo de soja llegó a la Argentina y a nuestra provincia para convertirse en una actividad casi exclusiva. Como un documento de esta transformación, están las canciones folclóricas de antaño que hablaban de extensas llanuras azules, pintadas por el Lino sembrado por doquier, una fotografía imposible hoy.

La falta de perspectiva ambiental ha sido una constante en todos los gobiernos. Falta de controles y regulación de las actividades productivas e industriales, ausencia de obras de infraestructura que amorticen los impactos ambientales, habilitaciones escandalosas de emprendimientos turísticos o inmobiliarios dañinos para el ecosistema (como Amarras de Gualeguaychú) y paupérrimas partidas presupuestarias para la conservación de espacios protegidos, son algunas de las formas en las que se traduce el desinterés estatal.

Recordemos que en 2019, en un contexto emergencia de las denuncias por  envenenamiento (literalmente) de trabajadores, gurises y docentes rurales, el gobierno provincial de Gustavo Bordet cantó retruco y, por decreto, habilitó la fumigación terrestre a 100 metros y la aérea a 500 metros de los establecimientos educativos, medida que fue acompañada por algunas entidades rurales que llegaron a proponer, incluso, en un paroxismo de impunidad, el traslado de todas las escuelas rurales a fin de no tener límites algunos para aplicar los “paquetes tecnológicos” que la soja demanda.

Detrás de la negativa gubernamental de impulsar medidas más amables con el ambiente, se interpone la falsa dicotomía “producción-desarrollo” vs “ecologismo”, mostrando ambas esferas como irreconciliables. Esta falsedad sólo sirve para abonar al desconocimiento y a la falta de involucramiento ciudadano, así como para demonizar a los grupos activistas.

“Detrás de la negativa gubernamental de impulsar medidas más amables con el ambiente, se interpone la falsa dicotomía “producción-desarrollo” vs “ecologismo”, mostrando ambas esferas como irreconciliables«

No es cierto, la perspectiva ambiental no busca detener cualquier emprendimiento productivo, industrial, inmobiliario y turístico a cómo de lugar. Por el contrario, intenta tejer puentes para compatibilizar estas actividades con la preservación ambiental necesaria para el desarrollo pleno y seguro de las actividades humanas.

Estudios de impacto ambiental serios e independientes, acceso a la información pública, convocatoria a especialistas y la construcción de ámbitos participativos donde las comunidades puedan despejar dudas y llevar propuestas, son las bases de cualquier gestión pública que intente conciliar desarrollo económico con desarrollo humano y social.

Llamativamente, todos esos puntos, vinculados a los principios del Acuerdo de Escazú (primer acuerdo regional ambiental de América Latina y el Caribe), están detallados y a la vez totalmente incumplidos en la Resolución N° 997, del último 10 de mayo, emitida por la Dirección de Recursos Naturales y Fiscalización del gobierno de Rogelio Frigerio que habilita la caza deportiva de especies nativas.

A la delicada situación provincial de décadas de pérdida de la biodiversidad ahora se suma esta disposición que alcanza a los departamentos de La Paz, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay y, parcialmente, Gualeguay. Pato picazo (Nettapeposaca); Pato Barcino (Anasflavirostris); Pato sirirí pampa; Pato siriri bicolor (Dendrocygna bicolor); Pato cutiri (Amazonettabrasiliensis); Pato maicero (Anasgeorgica); Pato collar (Callonettaleucophrys); Pato capuchino (Spatulaversicolor); Perdiz Chica (Nothura maculosa); y Liebre (Lepuseuropaeus) son algunas de las especies que podrán ser cazadas en un número de 2 a 8 especímenes.

¿Quién controlará el cumplimiento del número de presas? ¿A quién beneficia este negocio del “turismo de caza”? ¿Cuál es el aporte deportivo y cultural de la caza de fauna autóctona a la entrerrianía? 

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La deuda histórica que acrecienta el goce sádico de matar

Mauro García es psicólogo y activista animalista. Eligió para morar a la provincia “de todos los verdes” hace diez años. Vivió cinco en Paranacito y lleva otros cinco al lado del río Gualeguaychú. Desde que llegó no dejó de involucrarse en la realidad de una tierra que siente (goza y duele) como propia y encontró los mil modos de comprometerse con su cuidado.

“La provincia tiene con la fauna autóctona una deuda histórica que recién en los últimos años se comenzó a reconocer y muy lentamente a implementar alguna cuestión reparatoria. Esto tiene que ver con ser conscientes que en la eco-región, en el territorio como bioma, hemos perdido biodiversidad por el impacto de las acciones humanas directas e indirectas que dificultan las condiciones de reproducción, alimentación y habitabilidad de las especies. Por eso, lo primero y más necesario era asumir que esto es algo a reparar y empezar a instrumentar políticas públicas en ese sentido. Aunque no al nivel que la problemática tiene, en los últimos años hubo un avance en términos de protección, de parques y reservas, una política de mayor cuidado, pero, actualmente, lo que vemos es un desconocimiento de esa deuda, de la problemática y medidas que lo único que hacen es agravar el problema”.

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En respuesta a qué implica en este contexto la resolución provincial que habilita los cotos de caza, Mauro explica: “Habilitar la caza cuando estamos perdiendo biodiversidad de fauna autóctona es tirarle leña al fuego, en vez de resolver el problema lo estamos empeorando”. Y agrega dos dimensiones de análisis: “por un lado, esta resolución implica un impacto directo, atentando contra la población de aves nativas que debieran estar protegidas; por otro lado, revalida una lógica muy peligrosa, de mercado, depredatoria, en la que no importan las consecuencias sino el poder del dinero, porque esto es producto de la presión que ejercen los lobbys de cotos de cazas que inyectan dólares a costa de extranjeros que vienen a satisfacer su pulsión por matar”.

Habilitar la caza cuando estamos perdiendo biodiversidad de fauna autóctona es tirarle leña al fuego, en vez de resolver el problema lo estamos empeorando”

Le pedimos a Mauro unas palabras que nos aproximen en el intento de comprender por qué la “caza deportiva” existe, es decir, por qué hay personas que se divierten matando a animales silvestres, indefensos y en libertad sin ningún otro motivo que entretenerse. 

“Hay que desnaturalizar la caza, estamos hablando de alguien que encuentra un goce sádico en matar y que está dispuesto a pagar por eso. Reivindica una creencia antropocéntrica, una forma de narcisismo, donde se afirma una superioridad del hombre que es parte de la problemática que nos trajo hasta acá. La idea de que podemos hacer cuanto queramos, sin importar el impacto, sin registrar que del otro lado hay una vida que se extingue, por el mero disfrute momentáneo, transitorio, pasajero, de quien decide matar por capricho. Y que el poder político, con su maquinaria, responda y valide eso, es doblemente peligroso”.

La libertad es un pájaro

“Un ave en libertad es una imagen que se acerca mucho a mi idea de libertad. Su presencia y canto componen una instancia de resistencia que me alivia, una oportunidad que se renueva y un recordatorio de que con algo de esfuerzo y consideración quienes nos sucedan tendrán oportunidad de escribir sus propias canciones”, dice Guillermo Rajneri, intérprete naturalista local que reparte su tiempo entre actividades de conservación-restauración ecológica y el turismo de naturaleza, una actividad diametralmente distinta a aquella que persigue las aves con escopetas y perdigones.

“La fauna silvestre enfrenta problemáticas complejas y múltiples. Puedo mencionar el avance de la frontera agrícola, la pérdida de ambientes, el tráfico, el cambio climático, la caza, las especies exóticas y más. No obstante, hay dos aspectos que me parecen fundacionales para que lo anterior tenga lugar: la ignorancia y el egoísmo. Y digo ignorancia porque, llamativamente, desconocemos las dinámicas de la naturaleza que nos rodea y contiene. Y cuando digo egoísmo me refiero a que todos, en mayor o menor medida, nos hemos otorgado licencias para sostener hábitos que perjudican la calidad ambiental. Y en este punto quiero enfatizar: todos, con distintos niveles de responsabilidad, tenemos la posibilidad de hacer aportes a la construcción de un mundo más equitativo”, señala Guillermo con la firmeza de quien ha recorrido un camino de encuentro y aprendizaje.

Pero como intérprete de la naturaleza que habita, admira y cuida, Rajneri también la asocia a la calidad de vida de la gente y a un modo de ver al mundo: “los ambientes más diversos son más sanos y resistentes, nos proveen de más y mejores servicios ecosistémicos. Creo que la conservación, entendida como una acción activa, aporta a la construcción de un mundo más saludable y, en consecuencia, más justo”.

Con la belleza de quien describe las bondades de un gran amor, Guillermo explica los sistemas ecológicos y la importancia de las aves en ellos: “Entre Ríos, dada su diversidad de ambientes, alberga un número muy significativo de especies de aves: cerca del 40% del total de las presentes en Argentina y 4% del total en el planeta. Son bichos que por sus características y hábitos ocupan espacios específicos en los ecosistemas y pueden abarcar desde un puñado de metros hasta miles de kilómetros. Un ejemplo conspicuo es la dispersión de semillas: basta con caminar bordeando un alambrado para ver numerosas especies vegetales plantadas -como bien dice un amigo- ‘a culo’. Sus historias evolutivas particulares, sus formas, colores y habilidades condensan, involuntariamente, señales y símbolos que influyen e inspiran nuestra cultura litoral. En cada ave habita, potencialmente, un poema, una creencia, una canción”.

«Entre Ríos, dada su diversidad de ambientes, alberga un número muy significativo de especies de aves: cerca del 40% del total de las presentes en Argentina y 4% del total en el planeta«

Por último, como quien trata de vencer el mal a fuerza de bien, Guillermo nos exhorta a todos y todas, incluidos cazadores, a vivir la irreversible experiencia de ver la libertad emplumada: “las aves son probablemente la más sencilla, accesible y potente excusa para acercarse a todo aquello que por cercano parece haber perdido valor. Eso sí, nobleza obliga, le advierto que si cruza ese umbral es bajo su estricta responsabilidad. Múltiples existencias le serán reveladas y usted, definitivamente, ya no volverá a ser el mismo”.

Nunca es tarde para comenzar, para tomar consciencia. La naturaleza es generosa, resiliente y fuerte, lo ha demostrado infinidad de veces después de terribles desastres cometidos por la humanidad. Pensemos en los humedales arrasados por el fuego ganadero y sojero en Corrientes que, pocos meses después, mostraron camalotes y flores de irupé como signo de amistad y reinicio.

Así también, cuando al sencillo monte entrerriano se lo deja avanzar unos metros, se repleta de cantos, de cuises y de insectos que revelan el espíritu de nuestra tierra. Que sea esa alma la que resople en las consciencias, para que ya nadie se divierta con la muerte y para que nadie permita esos juegos infames.


[*] Recomendaciones para acompañar la nota:

Musical: “Tordos Amarillos” fue creada por el cantautor gualeguaychuense, Damián Lemes. Con sus versos invita a tomar consciencia para que los tordos amarillos no desaparezcan del paisaje entrerriano, con una hermosa introducción de Antonio Tarragó Ros

Audiovisual: Ueep! Audiovisuales una productora que te compartirá hermosos viajes por la naturaleza entrerriana, de la que forma parte Guillermo Rajneri (@ueep.audiovisuales)

Lecturas: Mauro de Psicología verde. Para seguir sentipensando estos temas que nos propone Mauro García