¿Cómo es tener miedo a que te caiga un misil?

LA GUERRA DESDE ADENTRO

¿Cómo es tener miedo a que te caiga un misil?

Nazarena Abramzón es ciudadana israelí, judía de familia y recién llegó a Gualeguaychú. Su relato habla del horror, de cómo se vive en un país en guerra. “Algunos palestinos fueron despojados de sus tierras, eso es cierto y es cruel. Pero también es cruel que al judío no lo quieren en ningún lado”, dijo.

Texto: Isidro Alazard

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Ilustración: Diego Abu Arab

Cuando nos saludamos se me escapó un “¡Estás viva!”. Nos conocemos hace mucho, tenemos la misma edad y su familia es como mí familia. Pero hace unos años, antes de la pandemia, Nazarena se fue a vivir a Israel. Con muchas ilusiones y con proyectos laborales, llegó al país que es la casa de cualquier persona judía, consiguió su ciudadanía y se quedó.

Comenzó viviendo en Eilat, un destino muy turístico, pero en abril de 2021 se mudó a Tel Aviv, la segunda ciudad más grande de Israel, ubicada a menos de 100 kilómetros de Gaza, que es parte del Estado de Palestina y de donde opera el grupo terrorista Hamás.

Esta facción armada, que además está a la cabeza del poder político (se impuso en 2006, pero no volvió a convocar elecciones) fue quien efectuó la masacre del 7 de octubre, causando alrededor de 1.400 muertes y tomando 230 rehenes, acompañada de una lluvia de misiles que desbordaron la “Cúpula de hierro” israelí, que los intercepta antes de que caigan.

-¿Cómo es la relación entre árabes e israelíes?

– Los árabes y los israelíes no son amigos. Tienen una relación tensa, no se llevan bien: sus ideales, sus costumbres e incluso su idioma son distintos, sumando sus distinciones religiosas y políticas sobre los territorios. Existe racismo entre ambos grupos. Como inmigrante no la padecí tanto, porque también entre inmigrantes formamos grupos distintos.

-¿Cómo venía siendo la política en Israel?

– Bueno, el primer ministro es Netanyahu. Él perdió a su hermano en una operación antiterrorista y fue militar, eso define un poco su postura. Últimamente se fue acercando a grupos más ortodoxos. Había marchas en contra del gobierno, porque había ideas ortodoxas que querían implementar. La gente no quiere medidas ultraortodoxas, no quiere más problemas. Por otro lado, Israel es un país muy libre, muy permisivo, se puede ir a la playa y ver mujeres musulmanas todas cubiertas y al lado tenés chicas en bikini, y eso convive.

-¿Existía violencia antes del 7 de octubre?

-La violencia existía antes, todos los días. Cerca de los territorios árabes siempre existen casos de navajazos o tiros. En abril hubo un atentado contra una madre y sus dos hijas, a las que les dispararon porque sí. Pasa seguido, hay encontronazos. Muchas veces el reclamo ante los judíos es: “esta no es tu casa, vos te tenés que ir”. A dos cuadras de mi trabajo, en una playa, hubo un atentado, vino un tipo que disparó a siete personas y mató a una. Atentados siempre hubo. Pero después del 7 de octubre cambiaron muchas cosas: Hamás atacó e Israel no lo vio venir. Lograron cruzar la franja de Gaza en parapente, asesinaron a familias en sus casas, secuestraron a personas; se llevaron cadáveres de trofeo, exhibieron cabezas empaladas, entre otros actos de suma violencia contra civiles inocentes. Eso dejó en shock a la gente. Ahora todos tenemos miedo y estamos paranoicos, miramos para atrás cuando estamos en la calle, el bombardeo de esos días fue tremendo: 5.000 misiles. La cúpula de hierro no daba abasto. Los misiles caían en las casas. Hubo mucho terror.

-¿Cómo es cambiar tus planes de vida por el terrorismo?

-Una cagada. Volver a empezar de cero. Llegar como inmigrante a un país es construir de cero y en soledad, ladrillo por ladrillo, y todo cuesta mucho. Empezar a hablar otro idioma, vivir en una cultura diferente, empezar a hacer amigos de nuevo. Y de repente ¡pum! guerra: o te quedas o te vas y dejas todo atrás. Yo dejé mi casa, mis amigos, mi trabajo, que me encantaba, tuve que dejar a mis gatos, fue una decisión muy apresurada. Y ahora estoy “bueno, ¿y ahora qué?”.

-¿Qué se siente tener miedo de que te caiga un misil?

-La primera vez que lo viví, en 2021, fue un ataque de diez días, se recomendaba no salir de las casas. Me asusté mucho porque no sabía cómo funcionaba el sistema de alarmas, la cúpula de hierro, qué misiles tiraban, qué daño podían causar: ¿explota y vuela toda la cuadra o cae en un departamento y se incendia un poco y ya está? No sabía qué era un refugio, que en todos los edificios hay uno por si estás en la calle. Si no hay nada, te tenés que tirar al piso. Aprendés también que dependiendo de la distancia desde donde tiren el misil es el tiempo que tenés para ir a un lugar seguro. Te escondés y no sabes si cuando salís va a seguir tu casa ahí.

“No sabía qué era un refugio, que en todos los edificios hay uno por si estás en la calle. Si no hay nada, te tenés que tirar al piso. Te escondés y no sabés si cuando salís va a seguir tu casa ahí”

-¿Lo viviste de cerca?

-En una ocasión cayó un misil a cuarenta metros de donde estaba. Sentí la vibración, cayó polvo del techo. Había caído arriba de alguien, quedó el pozo por un tiempo largo. En la guerra (después del 7 de octubre), en cambio, los misiles se escuchaban caer mucho más. Las alarmas no paraban, duraban muchos minutos y todo vibraba. Un miedo muy grande: estás todo el tiempo perseguido. No sabés dónde vas a estar cuando suene la alarma. No descansás, no podés dormir. También tenemos las alarmas en el celular, por si no podemos escuchar la de afuera. De noche se escuchan los bombardeos a Gaza, las operaciones, los aviones de guerra. Dormís con eso de fondo. Al otro día tenés que seguir con tu vida, yo tenía que seguir trabajando.

-¿Cuán acostumbrada está la población a eso?

-Los chicos crecen con eso. Los israelíes están acostumbrados, por eso no tienen tanto miedo. Pero en esta guerra dijeron “esto es diferente”. Pero los chicos, suena la alarma y ya saben: tranquilitos, bajan las escaleras y al refugio. Yo, como argentina, nada que ver, a lo sumo me preocupaba la inflación, el terror argentino (risas), a la que ya me desacostumbré.Allá sentía que podía proyectar más que acá, si quería viajar, tener una casa, comprarme algo lindo todos los meses, podía. Ir al cine y salir a comer el mismo día es algo que todos pueden hacer. Esa es una diferencia con Argentina. Pero también uno extraña. La casa, los amigos, la comida. Ser inmigrante también es estar preocupado porque si no pagás el alquiler, no tenés techo. Allá se labura mucho y las cosas salen caras, si tenés hijos el jardín te sale más de mil dólares. Inclusoel ciudadano paga más impuestos que el inmigrante. Pero es otra vida.

-¿Le ves alguna salida al conflicto?

-Es muy difícil. Hamás controla Palestina. Los chicos crecen con odio desde su educación. Podés matar a todo Hamás, pero la idea no va a morir, no podés matar una idea. Israel lucha contra los terroristas, pero al niño que le mataron al papá terrorista va a crecer con el odio de seguir matando judíos porque es lo que le inculcaron, es con lo que crecen. La grieta nunca va a desaparecer. El problema es que sigue la violencia: Por un lado, el Estado de Israel mata, por el otro los palestinos también matan. En muchos casos Hamás no respeta los códigos de guerra, pone a sus civiles de escudo, haciendo túneles o poniendo centros de operaciones abajo de los hospitales, por ejemplo. Incluso, muchos de los misiles que ellos tiran hacia Israel no llegan a destino, caen en sus propios territorios y matan gente.

“Hamás controla Palestina. Los chicos crecen con odio desde su educación. Podés matar a todo Hamás, pero la idea no va a morir, no podés matar una idea”

-¿Creés que el reclamo de los palestinos es justo?

– Creo que es muy complejo. Ellos estaban ahí y les dijeron “vamos a poner un Estado judío y va a ser acá”, pero los judíos también convivían ahí. Ellos se negaron y empezaron los ataques, y siguen atacando. No quieren el Estado judío. Creo que ellos no nos quieren al lado de ellos, va más allá de repartirse territorios. Ese es el problema principal. Algunos palestinos fueron despojados de sus tierras, eso es cierto y es cruel, pero también es cruel que al judío no lo quieren en ningún lado. No estamos seguros en ningún lado, incluso ahora. El Estado más seguro para nosotros es Israel, y mirá cómo está. Cuando te crían siendo judía te enseñan que Israel es tu hogar, siempre que vayas va a ser tu casa, te reciben con los brazos abiertos. Y yo lo siento así. Nadie está en contra de Palestina, pero sí de la forma con que actuó este grupo. Con mucho odio hacia los judíos, porque ya no es contra el Estado de Israel, es contra los judíos.