La era de los diagnósticos

INFANCIAS Y SALUD MENTAL

La era de los diagnósticos

Ansiedad, depresión y trastornos por estrés son las mayores causas de consultas en salud mental. Las infancias no están ajenas a esta problemática que crece cada día. El aporte de dos especialistas.

Texto: Laura Rothberg

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Ilustración: Diego Abu Arab

“Lo hago por mi salud mental”, una frase recurrente que escuchamos casi a diario en oficinas, escuelas y en la mesa de los domingos en familia. Hablar de salud mental, pensar en ella y tratar de generar herramientas que nos ayuden a sobrellevarla se volvió crucial en los tiempos que corren, sobre todo luego de la pandemia por Covid 19.

La ansiedad, la depresión y los trastornos por estrés son la mayor causa de consultas en salud mental y han experimentado un auge luego de los confinamientos de 2020. El sentido común nos dice que estas patologías son cosas de adultos, sin embargo, se trata de problemas que enfrentan las infancias cada vez con más frecuencia.

Según un estudio realizado por UNICEF en 2021, uno de cada siete niños o niñas en la región de América Latina reporta haber tenido ansiedad durante y después del confinamiento por Covid 19. Y de acuerdo con un estudio realizado en 2019 por la Universidad de Lanús junto al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), “el consumo de psicofármacos, tanto en la población adulta como de niños, niñas y jóvenes, da cuenta de un fenómeno complejo y una temática que ha adquirido mayor relevancia en las últimas dos décadas”. El estudio sostiene que se ha incrementado notablemente la prescripción de medicamentos ansiolíticos y antipsicóticos en niñas y niños por parte de pediatras, psiquiatras y médicos generales de atención primaria.

Desde La Mala, hablamos con dos profesionales especializadas en infancias para reflexionar sobre una temática compleja como es la salud mental y los procesos de medicalización en menores.

María Elisa Benetti es psicóloga egresada de la Universidad de La Plata, tiene una especialidad en salud mental comunitaria y es psicoanalista de niños, niñas y adolescentes. Trabaja de forma particular en su consultorio y es además representante del Colegio de Psicólogos Entre Ríos (COPER) en la regional sur.

-¿Cuál creés que es la situación actual de la salud mental en las infancias?

-La salud mental es un concepto que está íntimamente relacionado con los contextos y con la forma de vida. Y, en relación a los niños, siempre son, por su conformación, sujetos dependientes del contexto y de los adultos en mucha mayor medida porque no tienen la autonomía que tiene un psiquismo adulto. En los tiempos actuales, donde los adultos estamos muchas veces apurados, desbordados, preocupados, conectados con otra cosa que no son los tiempos de la infancia y sus espacios de juego y de disfrute, los niños muchas veces se quedan sin adultos con quienes puedan interactuar en una forma rica y saludable, necesaria. Entonces la salud mental de las niñas y los niños depende muchísimo de cómo estemos viviendo los adultos y qué le podamos ofrecer. Pensemos que nosotros les mostramos el mundo.

-¿Cómo se acompaña a las familias ante el padecimiento de niños y niñas?

-En consultorio privado lo que hago es trabajar siempre con entrevistas a padres o adultos que estén involucrados en la crianza y con las instituciones o actividades a las cuales asiste el niño o la niña, como la escuela o el club. Siempre se consulta antes por el niño o la niña cuando se detecta un malestar. Las escuelas son grandes derivadoras y a las familias siempre les resulta más fácil consultar por un niño que consultar por algún problema que puedan tener los adultos. Está la idea de que la persona adulta puede aguantar o lo tiene que resolver por sí mismo.

“A las familias siempre les resulta más fácil consultar por un niño que consultar por algún problema que puedan tener los adultos. Está la idea de que la persona adulta puede aguantar o lo tiene que resolver por sí mismo”

-Hoy se habla de sobre-diagnosticación en las infancias, ¿qué opinas de esto?

-Desde el psicoanálisis, que es el lugar desde el cual yo me posiciono, se plantea que el sufrimiento siempre es un mensaje a descifrar. Tenemos que ver qué le está sucediendo a esos niños para poder incidir sobre la causa y no sobre el síntoma. En un niño que es agresivo, que no se puede controlar, que tiene desatención, que no puede terminar una tarea, las causas de esos síntomas pueden ser muy diversas. Puede ser un trastorno o un déficit de la atención, puede ser violencia, puede ser cansancio, puede ser falta de límites. Si nosotros, ante cualquier malestar, proponemos la modificación conductual y la medicación en niños y niñas que no lo necesitan, estamos complicados porque no abordamos la causa. Por ejemplo, si una niña no escribe y parece que está en las nubes, puede tener trastorno de atención o también puede suceder que la niña esté atravesando una situación familiar compleja o un duelo.

-¿Hay un “auge” de la patologización y medicalización de las infancias?

-Tenemos que diferenciar medicalización de medicación. La medicación es un recurso terapéutico que en los casos que es necesario debe usarse porque eso es parte del tratamiento y ayuda a llegar a buen puerto en las dificultades de niños y niñas. Hoy en día hay mayor alerta acerca de los malestares de los niños, lo que sucede también es que se termina patologizando. Este es un concepto que nos indica que cualquier situación de malestar se transforma en una patología y muchas veces, muchísimas veces, las cuestiones que aparecen en la consulta no tienen que ver con una patología, sino que tienen que ver, por ejemplo, con dificultad en los límites u otros problemas que los niños viven en sus contextos. Esto que te mencionaba anteriormente, maltrato, desatención, preocupación por algún familiar enfermo son distintas cuestiones que inciden sobre todo en el comportamiento de los niños.

-¿Qué otros recursos terapéuticos son posibles en lugar de la medicalización? (En caso de que sea posible)

-Es cierto que la medicación no puede ser el único recurso, porque pensamos a los recursos terapéuticos como patas de una silla, si nosotros tenemos una silla con muchas patas va a tener mucha más firmeza. Estos recursos terapéuticos siempre van a estar determinados por quienes lleven adelante el tratamiento, los familiares y el niño. Lo ideal es que se trabaje en conjunto con las familias y con el niño teniendo en cuenta su edad y sus posibilidades de elegir, lo que se llama la autonomía progresiva en la infancia y adolescencia. Nosotros siempre recomendamos consultar a un profesional de la salud mental calificado. Actualmente hay una demanda que sobrepasa el sistema de salud, eso hace que muchas personas, al no conseguir turno con psicólogo o psicóloga infantil recurren a otras terapias, a las llamadas pseudo terapias, que se dedican muchas veces a prácticas para las cuales no están capacitados y no están reconocidos. La impericia en estas situaciones hace que no se detecten situaciones graves o padecimientos graves de salud mental y que no sean atendidos por los profesionales que requieren esas afecciones.

Las profesionales consultadas coinciden en que, por diversas razones, se suele llegar a la medicación antes de agotar otras etapas de tratamiento

Sabrina Anicia Gurksnis es terapista ocupacional, egresada de la Universidad Abierta Interamericana y especialista en infancias. A la hora de trabajar con niños y niñas que pueden estar atravesando alguna problemática de salud mental, Sabrina remarca la importancia del trabajo en conjunto con las familias y/o las redes afectivas de las infancias:

“Hay que seguir apostando a la promoción de la salud, es lo que conocemos como prevención, y no pensar que todo tiene una solución en un consultorio, o que no todo tiene una solución con un diagnóstico, o que no todo tiene una solución con un medicamento. Me parece que hay que apostar al fortalecimiento de los lazos, hablo del trabajo con las familias, del trabajo con las redes afectivas de las infancias, de poner un poco a discusión cuáles son las herramientas que están teniendo los adultos para acompañar a esas nuevas infancias”, dice la profesional.

-¿Cuál es el rol de la comunidad, no sólo de las familias, a la hora de pensar las infancias y la salud mental?

-Hay algo bueno que tiene que ver con que las infancias están siendo miradas, pero me parece que están siendo miradas desde una hipervigilancia y no desde un ofrecimiento de posibilidades. Se piensa más en quién se van a encargar de esto, en lugar de ver qué puedo hacer, cómo me puedo fortalecer como un adulto que acompañe. Insisto en que me parece importante ir mucho más al lazo, que cuesta, obviamente, porque por un montón de motivos diferentes, a las familias no les es fácil involucrarse en los tratamientos. Las escuelas, por ejemplo, están muy preocupadas y piden diagnósticos para poder lograr tener otros apoyos específicos (maestras especiales, acompañantes terapéuticos, etc.). Para trabajar la salud mental en las infancias es importante entender lo que le pasa a les niñes, que no depende de un diagnóstico porque dentro de un diagnóstico hay un millón de variables. Hay chicos que llegan al consultorio y las familias no están buscando un diagnóstico, sino que están buscando un recurso, pero cuando no pueden acceder a los recursos por cuestiones económicas se termina accediendo a las posibilidades que hay. Es complejo el sistema y a veces se trabaja sobre lo que se puede.

“Las infancias están siendo miradas, pero me parece que están siendo miradas desde una hipervigilancia y no desde un ofrecimiento de posibilidades”

-¿Es necesario ampliar la mirada y salir del enfoque meramente medicamentoso a la hora de trabajar con infancias y salud mental?

-Como dije antes, el sistema es complejo y muchas veces las demandas superan la capacidad de dar respuesta acorde, pero también estoy notando que cuando las familias no están pudiendo ejecutar un cambio de mirada hacia su hijo, muchas veces el psiquiatra adopta la mirada de la familia, que también está padeciendo, y medica al chico. Cuando la medicación generó que el chico deje de moverse, que el chico deje de gritar, que el chico deje de llorar, que tenga un comportamiento más organizado, ¡santo remedio! Desde mi disciplina, cuando trabajamos con niños muy pequeños intentamos hacerlo desde la terapia con las familias antes de pasar a una posible medicalización. Mover el cuerpo, porque muchas veces son niños que se mueven un montón y es cuestión de organizar algo en la rutina familiar para poder estar más tranqui, poder tener más a disposición su atención, para momentos que lo requieran un poco más. Creo que es esto lo que hay que seguir generando, porque lo requiere. Creo que se están viniendo nuevas variables, pero todavía tenemos que dar cierta lucha a lo que es la medicina hegemónica, que ya te digo, está como con una visión del diagnóstico y de la medicalización de las infancias todavía muy fuerte.