AQUÍ RECOGÍ TODAS MIS PARTES

MUCHO MÁS QUE UN LIBRO

AQUÍ RECOGÍ TODAS MIS PARTES

Tengo la certera intuición de que este libro existe para poder ser leído y por eso apropiado por muchxs. Es para puérperas, para abuelas; para comunidades que buscamos priorizarnos como seres humanos, en cada proceso de la vida. “Aquí recogí todas mis partes”, de Agostina Tonelli, habla de amor, de un momento complejo en vulnerabilidades y pasiones, duelos y portales: el puerperio.

Texto: Tati Echagüe

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Fotografía: Majo Aramburu

Agostina Tonelli es, fue y será una partera, comadrona de palabras. Cada mujer y cada miembro de una comunidad que pase por sus voz-en-libro podrá verse, acompañarse en ese proceso en el cual la vida humana es parida en cuerpos, en almas, en arboledas de familias. Cuando entrás al universo de Agos (@nietadelaluna) y cuando circulás en sus portales múltiples te encontrás con un halo místico precioso en su modo de ver la vida. 

Y es por allí donde bucean sus palabras puérperas. Ella nos viene dando universos para detenernos y respirarnos, comenzarnos a honrar en el mar urgente de nuestras vidas. Y ese día, cuando presenta su libro primero, esa porción de participantes madres o no, puérperas o ya no, que habita este mundo cuasi roto para muchas de nosotras, se detuvo un instante.

Llegar a ese oasis en medio de la ciudad más enfurecida que nunca fue el primer gesto. Desde la vereda sentí que nos estaba esperando a nosotras, que tenía sentido que estemos. Shirly (@naturalezapacha) es siempre con quien una asocia a Agos porque van de la mano en el camino de unir, ser puente entre tantas mujeres. Ese día estaban ahí, abrazadas al momento en que llegué y vi en ese dueto un montón de mis palabras medicina, de mis danzas, de mis costuras en cuerpo. Una sahumaba mucho amor y cariño, la otra abría alas y se enraizaba en eso que estaba ocurriendo: estábamos llegando a celebrar este libro producto de muchos años de trabajo, dedicación y coherencia puérpera.

Nos abrazamos, como en un inconfundible reencuentro de estos tiempos: -sos alta, ¿no?, y cuánto te quiero. Es verdad, no nos habíamos visto nunca personalmente, pero yo venía a honrar palabras salidas de su entraña porque confío en ellas. Y ella me había invitado a ser parte de ese instante donde la vimos renacer, una vez más, seguramente. 

Nos (re)encontramos con la confianza de una comadre a otra ¿Y qué podía pasar en un encuentro que tenía que durar un rato, el rato en el que la gente presenta un libro? Aquí fue un círculo de amor, un círculo medicina. Sahumo, pies en tierra, una espiral de nosotras, más de 40 mujeres, sentadas a su alrededor y al nuestro, libro en mano, lagrimitas. Éste era ese gesto político, como varias de sus hermanas resaltaron, era poder entrarle a la palabra con la fe de saberla medicina. Guió un enraizamiento, nos invitó, una vez más, a detenernos. Nos propuso entrarnos a nuestros propios portales puérperos como (co)madres, circuló la palabra entre varias de su querida comunidad de amor.

Nos rodearon altarcitos de imágenes que, como su voz, nos proponían bucearnos para encontrarnos dentro nuestro. Nos supimos circulares porque formamos parte de esta identidad tan naciente como ancestral: la de mujeres que nos compartimos medicina así, viéndonos los rostros y con caderas anchas sobre la tierra que nos sostiene. Es éste el mayor tesoro, de no saber con quién me siento cerca, más todas mujeres que buscamos nombrarnos, repararnos, contenernos.  Y el don de la autenticidad en este libro es que es un portal de amor, para una comunidad entera. Y lo deseo en la retina de mis comadres, de mi compañero y de mis hijas, que allá dejos en Misiones me habían despedido el día antes, para que yo pudiera estar acá, en este otro territorio, tan cercano en realidad. 

Siempre llegar a Buenos Aires para mí es un paréntesis preciado en mi cotidiano rural y montaraz. Pero haber llegado para poder tomar en mis manos este libro lo hace aún más especial. Y me lo llevo al monte. Porque todo lo que nos trae aquí recogí… fueron, son y serán sentires perdidos en el corazón de muchas madres puérperas. Y muchas veces no supimos nombrarlos, no supimos y no sabremos. Pues aquí podremos encontrar palabras espejo, palabras de escribiente madre.

Las mujeres ancestralmente nos circulamos nuestras vidas y partos, crianzas y pasiones. Quien pensara que hoy no es así, podemos decir que aquí hay un libro que lo hace, y nos invita. Que, con mucha potencia y portavoz, Agostina escribió este libro, para tratar de entendernos puérperas. Insisto en que este material en nuestras manos es palabra puente para contarnos en nuestros hogares, en nuestros círculos, en nuestras vidas, en tanto comunidad que sigue pariendo vidas, porque en cada nacimiento nacemos de vuelta, y podemos hacer inmensas magias de muchos colores con eso. Porque la magia de la vida, los milagros cotidianos, cuando tienen voz y humildad, nos interpelan para portavocearnos, y permitirnos sacudirnos la vergüenza.

Celebro entonces con lágrimas en las sombras de una lectura nocturna con hijita en brazos, como seguramente Agos escribió este libro, y no puedo más que agradecer su existencia, que es, me animo a decir, muy especialmente para todas las mujeres porque la vida no nos da igual, porque somos las que la sostenemos. 

Que este libro encuentre muchas lagrimitas de reparación en la lectura en miles de lugares, cotidianos y como se pueda, porque allí encontraremos bálsamo en otra mujer que abre su alma para mostrarnos que las partes también las tuvo que recoger, como todas nosotras. 

Este gran libro es semilla para quien lo precie. Semilla de amor, de mimos, de reciprocidad. Y su autora nos propone sembrarla. Porque ella así lo hizo.

Tonelli, Agostina. Aquí recogí todas mis partes. 2024. Podés adquirirlo en el IG de la autora @nietadelaluna