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APRENDAMOS DE HOMERO

LUDOPATÍA AL ALCANCE DE NUESTRA MANO

APRENDAMOS DE HOMERO

Hoy el casino tiene la posibilidad de estar al alcance de nuestra mano, las 24 horas del día. Los clubes más grandes de Argentina casas de apuestas en sus veneradas camisetas y cada vez más streamers recomiendan su “casino de confianza”. La psicóloga Luz Mariela Coletti es especialista en ludopatía y habló con La Mala.

Texto: Isidro Alazard

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Ilustración: Diego Abu Arab

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Según Entrelazar (un centro de investigación y asistencia con orientación psicoanalítica), la ludopatía es la adicción al juego de azar con apuestas: “El circuito de pérdidas, deudas y mentiras se vuelve una bola de nieve y se hace difícil de detener. La persona queda atrapada y sola. Aunque parezca lo contrario, esa persona sufre tormentos en sus pensamientos, una culpa muy intensa y el impulso a jugar es un intento por aliviar esa culpa”.   

Cuando pienso en ludopatía no puedo evitar pensar en un capítulo de los Simpsons en el que Homero debe exiliarse a una isla en la Micronesia. Allí se encuentra con una población (a la que pertenece “Lisa Júnior”) dispuesta a ser evangelizada. Los habitantes no tienen televisión (¡ni cerveza!), entonces Homero tiene la gran idea de crear un casino: “no necesitan un pozo o una capilla, o un centro de vacunación, lo que necesitan es un poco de diversión”, postula antes de empezar la construcción.

Hoy el casino tiene la posibilidad de estar al alcance de nuestra mano, las 24 horas del día. Cientos de casas de apuestas tienen sus propias aplicaciones para móvil, páginas de internet de apuestas deportivas inundan de publicidad el deporte (por ejemplo, con mirar el entretiempo de un partido de futbol o las camisetas de Boca y River, las marcas están ahí) y cada vez más streamers e influencers recomiendan su “casino de confianza”. Como vemos, aunque no sepamos qué sean BetWarrior, Bet365, Codere, Betsson, en algún lado las vimos o escuchamos.

¿Cómo empieza esta adicción?

La licenciada Luz Mariela Coletti, psicóloga, psicoanalista y directora de Entrelazar, escribe sobre ludopatía y atiende personas que la padecen. “Cuando hablamos de ludopatía no hablamos de alguien que simplemente juega y la pasa bien en un momento de ocio. Muchas veces el juego y las apuestas empiezan como un entretenimiento, pero la ludopatía ya es un estado patológico del juego: justamente lo que se dejó de sentir es entretenimiento. Pasa a ser una compulsión a seguir apostando o a seguir jugando, como sucede en otras prácticas de consumo, que pueden tener alguna sustancia.  Pasa de ser un gusto a ser algo más bien del orden de la necesidad, entonces la persona no puede evitar hacerlo o, si quiere evitar hacerlo lo hace, pero con mucho esfuerzo, poniéndole mucha voluntad”.

-¿Cómo es que nos damos cuenta del problema en alguien?

-Eso hay que verlo en cada en cada caso, pero normalmente lo que sucede es que empieza a ser la única actividad que le interesa, empieza a dejar de lado otras cosas, deja de cumplir algunas responsabilidades, incluso, aunque no lo haga, esta actividad captura de una manera muy importante la atención, la libido de alguien que antes la tenía distribuida en otras cosas.

-¿Hay diferentes clases de ludópatas?

-Sí, existen distintos tipos. Hay un psiquiatra australiano que distribuyó en tres los tipos de ludopatías. Una tiene que ver más que nada con la pasión por apostar: personas que a lo mejor quizás nunca desencadenan un estado muy patológico de ludopatía, pero sí tienen una pasión por apostar que los acompaña toda la vida, es como su recreo mental. Si bien pueden tener momentos de exceso, es algo que no se convierte necesariamente en una enfermedad, o que tampoco se puede tratar porque esa persona no lo vive como un problema.

En segundo lugar, tenemos la gran mayoría de los ludópatas, que son los que juegan para compensar algún otro tipo de malestar en sus vidas. En esto el juego se parece a otros consumos, como el alcohol o las sustancias, donde empieza haciendo algo que le gusta, pero después se convierte en algo que necesita porque le ayuda a sobrellevar situaciones, lo ayuda a encontrarle coraje a alguna situación que le cuesta, lo ayuda a anestesiarse un poco en algo que le duele. Esta práctica es bastante común: que alguien juegue para no pensar, “para escapar” dicen algunos pacientes, para sentir cosas.

Por último, el tercer grupo es el que tiene más incidencias psiquiátricas de base: son las personas que son impulsivas en general. Si juegan una manera desaforada, tienen muchos problemas para administrar el dinero, pero también a lo mejor consumen sustancias o andan a gran velocidad en el auto. Tiene una cosa impulsiva en general, y el juego es una más de todas esas otras cosas donde el tema del exceso es la clave de su vida.

-¿A quiénes puede afectar?

– La ludopatía es una patología transclínica. Eso quiere decir que atraviesa todas las estructuras y se puede instalar alrededor de cualquier otra patología. Afecta todos los grupos sociales, no distingue entre hombres y mujeres, y últimamente tampoco entre chicos y grandes. A fines del siglo pasado se veía que afectaba más a hombres grandes, ahora eso ya cambió totalmente. Las mujeres también se ven afectadas y, con el tema de las apuestas online, se incluyen los adolescentes y jovencitos.

«Afecta todos los grupos sociales, no distingue entre hombres y mujeres, y últimamente tampoco entre chicos y grandes«

-¿Qué diferencia hay entre el casino y una aplicación del celular?

– La diferencia básica entre un casino presencial y una apuesta online es la facilidad y la accesibilidad: muchos de los pibes que hoy están apostando, incluso en los colegios, en los recreos, en cualquier momento, lo hacen a través de las billeteras virtuales y con el celular. Seguramente a ese pibe no le da para ir después del colegio hasta el casino a jugar a la maquinita o a la ruleta, pero sí lo haría desde su teléfono. A eso le agregamos las apuestas deportivas, que normalmente capturan al pibe que tiene una pasión por el deporte, y la publicidad excesiva, que tenemos todo el tiempo sobre este tipo de apuestas. Se ha creado un nuevo público, que accede de una manera muy libre, pero muchas de esas personas quedan empantanadas en esa práctica.

«Muchos de los pibes que hoy están apostando, incluso en los colegios, en los recreos, en cualquier momento, lo hacen a través de las billeteras virtuales y con el celular»

-¿Qué puede ser un desencadenante?

– El desencadenante puede ser que alguien crea que ahí va a conseguir la plata que le falta. Hay que avisarle que no es esa la manera, que probablemente gane algo y después se vea envuelto en un problema. Existe una creciente ilusión de hacerse millonario. Se fogonea mucho en las publicidades y en lo que comentan los chicos entre sí: se creen que pueden hacerse millonarios jugando al póker o apostando “bien”. Es así como van entrando en esta rueda, que después se hace muy difícil salir. 

-¿Cuándo nos damos cuenta que tenemos un problema?

– Hay cambios en el estado de ánimo, hay cambios en el uso del tiempo y el dinero, hay cambios en cuanto a los intereses hacia las personas. Normalmente al ludópata no se lo ve muy contento, puede ser que lo veas eufórico, pero no tranquilo. Se puede advertir, pero hay que estar atentos, porque no hay un indicio a nivel físico, como puede pasar cuando alguien consume, por ejemplo, alcohol, que podés darte cuenta. En estos casos es más difícil, pero no es imposible. Es cuestión de hablar, de ver qué está pasando, de no hacer la vista gorda, sobre todo cuando se empiezan a encontrar cosas que son indicios, que son pequeños signos de que hay algo que está pasando. Es un problema completamente subjetivo, es algo del orden del malestar emocional. Un ludópata sufre bastante y no es algo difícil de saber si uno se pone a hablar con esa persona.

-Y si quien lo padece es un familiar ¿cómo nos damos cuenta? ¿en qué podemos ayudar?

– La consulta tiene que ser lo primero que uno hace cuando ve que algo no está bien. Es como cuando te duele algo. Lo que pasa es que en estos casos normalmente sucede que la familia se da cuenta antes que el mismo paciente, entonces el trabajo se hace un poco indirectamente: se empieza trabajando con la familia y luego con el paciente, eso lleva tiempo.


El experimento de Homero en la isla de la Micronesia, que fue presentado (en palabras de él mismo) como “un milagro moderno, algo que ha revitalizado las ciudades: la medicina mágica del juego y las apuestas”, terminó en un gran fracaso: fuego, peleas y adicciones.

“Todos son grandes pecadores desde que yo llegué”, concluye Homero al final del capítulo, mientras ayuda a la tribu a reconstruirse, arrepentido de haberlos llevado a la ludopatía. Como pasó el capítulo de los Simpsons, las novedades (como las apuestas en casinos virtuales) tal vez no sean el mejor camino para tomar. Aprendamos de Homero.


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