PRÓLOGO DE CUADERNO PARA BRUJAS (POR JIMENA ARNOLFI)
La palabra es un arma muy poderosa. Quizás el principio de toda brujería sea ese. Creer en la palabra como fuerza transformadora que libera y refugia a la vez. Creer como acto iniciático para poder crear.
Por primera vez en 46 años, la obra de una mujer ganó el Premio Fray Mocho en género poesía. Y no es un dato menor. “Cuaderno para brujas”, de Pamela De Battista, se llevó el galardón más importante de la provincia de Entre Ríos con una obra atravesada por el feminismo. Integraron el notable jurado lxs poetas Mariano Blatt, Natalia Litvinova y Roberto Malatesta.
Ya desde el título, Pamela De Battista evoca una de las banderas del movimiento transfeminista: Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar. Este libro es registro de ese eco. Es cuerpo en estado de alerta que se vuelve palabra y habilita la historia, la otra historia, la que muchas veces se esquiva, se silencia, se patea.
En la Edad Media, las brujas eran mujeres sabias, que además de trabajar la tierra y saber de botánica, tenían amplios conocimientos sobre anatomía, sexualidad y reproducción. En la Antigüedad, las brujas eran las curanderas, las parteras, las aborteras. Por sus conocimientos emancipadores, representaban un peligro para el patriarca, por eso las cazaban y las torturaban.
A la bruja no se la podía disciplinar. Quizás las primeras feministas de la historia fueron las brujas. Dice De Battista: “Contra mí ladran los perros medievales/ que todavía juzgan el instinto y la libertad/ porque yo arrojo mi bruja palabra/ y ensucio/ los blancos pisos del cielo./ Contra mí intentan el silencio del cuerpo,/ taparlo, taparlo, taparlo,/ porque no estoy desnuda/ pero soy desnuda y tengo/ una maldad impecable”.
Todo es política cuando se es mujer, cuando se es la disidencia. Este libro hace cuerpo lo que declama. Da paso a esas experiencias, es sostén colectivo frente al oscurantismo.
Hay una enorme y singular fuerza en la voz de Pamela De Battista. Su escritura es pura potencia en tanto pone en jaque los códigos restrictivos, la normatividad, lo binario.
En la parte III, del poema Luanda, De Battista escribe: “Sos tan pequeña/ que la gente/ confunde tu sexo. Eso es hermoso.// Todavía en tu mente se derrama, sagrado,/ un silencio de las cosas de los humanos.// Yo quisiera entrar en ese silencio// Luanda,/ yo, como vos, quiero ser/ niña y niño/ a la vez”.
La poesía puede ser una herramienta de conciencia política. Como escribió María Elena Walsh en 1973: “Las mujeres como los negros, los colonizados, la clase trabajadora, a medida que tomamos conciencia, menos queremos dádivas. Queremos lo que nos pertenece por derecho y nos arrebatan día a día, es decir, todo”.
Por prepotencia de deseo, para vivir la vida que queremos, para ser fieles a nosotras mismas. La voz de “Cuaderno para brujas” sabe que vivir una vida libre de violencias es su derecho. Sabe que la revolución empieza en nuestros cuerpos.
“Creo en mi deseo/ en el pájaro/ que es mi deseo/ contravolando el destino/ y así/ de espaldas a lo que debe ser/ haciéndose”, dice en la parte III, de Poema de la Bruja.
En esta obra, la naturaleza, las personas, las herramientas de trabajo y la imaginería popular son personajes por igual, y son a la vez, el medio para retratar una época de luchas políticas desde un lugar, el suyo, el litoral. Estos poemas no conforman una proclama, no abordan la política de forma coyuntural. Es la política la que irrumpe hacia el interior del texto como acontecimiento que estalla.
“Las voces de las vivas suben como un tornado/ en medio de las voces de las muertas/ que se abren/ dejando espacio”, escribe De Battista en ese gran poema llamado Sororidad.
Llueve con sol, anuncia uno de los poemas, y el aquelarre protegido por el río es inminente. Se casará desnuda con sus demonios, con sus amantes, por supuesto se casará con ella misma. Comienzan los preparativos, abundan los regalos y las ofrendas. Su cuerpo será hogar para la rebeldía.
Palabra a palabra, en este cuaderno la lucha es diaria y hay algo que queda muy claro. Y es el compromiso, la resistencia, la toma de conciencia. Y acaso el legado más importante: lealtad por siempre a la bruja.
POEMA DE LA BRUJA II
Llueve con sol,
apenas entendemos esa urgencia,
ese revés con que sucede,
esos pequeños peces
temblando en el aire.
La piedra se lava luminosa
y si miramos mejor
vemos de cerquita
la bruja que se casa.
Se casa
en una celebración misteriosa
un aquelarre protegido por el río.
Pero no de blanco,
como todas las otras brujas que proliferan en el mundo
que se meten en las iglesias para cuidarse de la culpa
que mienten con albor.
Esta hija del diablo ríe con todo el cuerpo
con una carcajada
desde la boca hasta el sexo
con los pechos galopantes de tanto carcajeo
porque llueve con sol y va a casarse desnuda
con sus demonios,
con sus amantes.
Le voy a regalar una montura
de tierra, hierba y rocío
para que su entrepierna huela a monte o a patio,
un abrazo de mil años
sanador de inquisiciones,
la raíz de un silbido creciendo a boca tendida;
le voy a regalar
una cama donde se enreden las estrellas,
también mandrágoras
y amapolas,
un beso en la libertad,
una música vieja,
pero, sobre todo, mi lealtad,
porque
también soy una bruja
y va a llegar el día
en que me llueva con sol
y yo tenga que casarme
coserme
con mis bestias,
con la muerte,
conmigo misma.